Paternidad y douleo – La voz de los padres

Uno de los objetivos de AERCD es la apertura. Nuestro foco está puesto en el acompañamiento, y este nos vincula a la familia del bebé que llegará, incluyendo, por supuesto, al padre. Pero sentimos, en muchas ocasiones, una paternidad invisible, oculta o minimizada, alienada en algunos casos. Sentimos que la sociedad y el sistema les ignora en ocasiones.

A partir de ahí nos pusimos a pensar en cómo contribuir a dar presencia a la paternidad, y darnos a conocer como acompañantes de la paternidad, y pues de hecho y en la práctica, lo somos. Y de ahí nació un encuentro virtual interno exclusivo para padres, el pasado 20 de septiembre de 2020, y otro posterior en abierto y compartido a través de nuestras redes, el pasado 24 de octubre.

El primero fue un encuentro privado, que ni se grabó ni se compartió. Pero la participación y aportación fue tan interesante, nutricia y emocionante, sentimos tanta implicación, tanta cercanía, y tanta necesidad de acompañamiento, que no dudamos en realizar un nuevo encuentro, este en abierto y desde nuestras RR.SS., en el que pudimos contar con los padres del anterior encuentro, y otros padres y doulas que se nos unieron, y tal fue la sinergia que algunos de ellos ahora son Colaboradores de AERCD.

Conversamos con padres blogueros, agrupaciones y asociaciones de padres, padres profesionales de la paternidad y/o sus contextos y padres independientes, para en primer lugar para agradecerles su labor, y también para reflexionar sobre la paternidad consciente, incidir en el lugar y el rol del padre en la maternidad, y hablar, por supuesto, sobre el acompañamiento a la paternidad.

Fueron unos espacios de escucha para nosotras. Espacios para ellos, para esos padres que tuvieron tanto que compartir y tan precioso. Donde intentamos que se sintieran a gusto y en confianza, y parece que lo conseguimos.

Nos hablaron de su paternidad y su crianza, algunos padres tardíos, otros tempranos, con varios hijos o con uno sólo, estos mayores, adultos, adolescentes, o niños todavía. Algunos habían pasado por pérdidas y nos hablaban de perinatalidad. Otros habían escrito sobre sus experiencias como padres. Pero todos coincidían en una paternidad consciente y presencial, de escuchar y escucharse, de desaprender para aprender, de la necesidad de verbalizar, de exponer, de evidenciar, de la revolución de la paternidad, de tomar el lugar que les corresponde y no conformarse con las “sobras” de la crianza. Reclamaban visión, información, referencias. Activistas de la paternidad, denunciaban la paternidad violenta, machista o ausente.

Nos confesaron que sus límites para criar, según su filosofía, valores, creencias, los encontraban más en sí mismos, en lo que permitían que les calara, que se sentían presos del “debo” y el “tengo”, de las expectativas de otros. Cuestionados, castigados, culpabilizados por la herencia y la sociedad, se sabían necesitados de liberarse de todo ello y de que lo que se dicen lo les limite más. Para llegar a materializar esa visión de padre como círculo que rodea a la diada, de escucha y comprensión continuas, de amor y disposición, siguiendo como guía el “mapa” del bebé, que es su madre, con el que tanto se identifican. Nos hablaron de informarse para no deformarse, de entender las necesidades y los roles, de abandonar el narcisismo masculino. No en vano todos venimos de una madre…

“La clave está en el hacer, hacia la familia, hacia la sociedad, hacia uno mismo”, nos decían.

Reflexionaron con nosotras sobre sus paternidades, que vivenciaban como algo que nunca acaba. Agradecimiento y aprendizaje sin expectativas. Escucha. Diversión, gozo y consciencia, aceptando e integrando lo inseguro y lo inesperado. Un lugar en el que a menudo toca pedir perdón, “ser caña en vez de acero, ser el espigón que recibe la ola” (parafraseando a Pedro Manuel Escribano, comadrón, padre y asistente al primero de estos encuentros).

Nos hablaron de que las expectativas no se convierten en realidad, porque los hijos siempre te guían por un camino diferente, convirtiéndoles en ese camino en la persona que son tras ser padres, un viaje desde la naturaleza, la confianza y el sostenimiento, en el que sobre todo se aprende a acompañar y a convivir en familia aceptando las limitaciones y agradeciendo las fortalezas.

Nos hablaron de transitar por la revolución de la evolución, por el autoconocimiento, por la búsqueda de equilibrio entre lo racional y lo emocional para equilibrar, soltando la arrogancia y otras cosas no muy útiles, con muy buena intención y desde el corazón, en un viaje de dos que trae a más. Vigilando el ego y aprendiendo el lenguaje del bebé, que es la emoción, disfrutando de la oportunidad de conectar. Respetando La frustración que puede suponer que uno quiera estar presente y los hijos llegue un momento en que quieran volar.

Coincidieron en que podemos hablar de una paternidad consciente, respetuosa, presente, natural, compartida, pero obviamente diferente a la maternidad. Cada uno su rol, recorriendo el camino juntos, escuchando al bebé, al niño, al adolescente, y finalmente al adulto en que deviene el hijo.

Dando espacio a cada sentir de los momentos de la llegada de sus hijos, estos padres nos confesaban que se sentían tan pletóricos como inseguros durante la gestación, buscando el lugar de su paternidad. Coincidían en que en esa paternidad incipiente echaron de menos su enseñanza en la escuela y su presencia en la cultura popular. La necesidad de paliar el síndrome de la invisibilidad paterna. Porque hoy por hoy no existen términos para definir ciertas cosas que le pasan al hombre en la paternidad. Y es que, dentro de ese proceso perfecto de la maternidad y la paternidad, es necesario dar cabida a todas esas vivencias que igual que la madre, el padre también experimenta (intención de embarazo, preconcepción, embarazo, parto, depresión posparto, puerperio, crianza, duelo perinatal, crisis de lactancia, etc.).

Algunos padres nos describieron cómo fue ser acompañados por una doula en su proceso de paternidad, de dónde y de quién llegó esa iniciativa, y lo que les aportó. Otros reflexionaban sobre lo que les habría aportado, y si les hubiera gustado contar con una, por qué, por qué no fue así. Lo calificaban de “experiencias reales”, a las que llegaron, en ocasiones, tras experiencias complicadas o negativas, o simplemente solitarias, buscando ese apoyo que en aquel momento no tuvieron. Pero todos al describir su acompañamiento, nos hablaban de estar y sentir, del reconocimiento y celebración del espacio y la expresión propios, de la fuerza del empoderamiento, de hablar claro y alto sobre paternidad, de visibilizar lo invisible.

Nos contaron que para sentirse acompañados necesitaban que la mirada a la madre no invisibilizara al padre, y que ello pasaba por una revisión interna de los propios padres, en la que se preguntaran qué pueden hacer mejor y cuál es el lugar que sienten como suyo, y que conformando una tribu de padres lo conversaran, le concedieran mirada y se preguntaran uno a otro ¿qué necesitas? Así llegarían a la conclusión de quién son como individuo y como colectivo, porque lo que sí saben es que son mucho más de sostenedores y que no tienen por qué ser en función de lo que no es la madre, pues las comparaciones dañan y el hombre tiene una identidad propia como padre.

En cuanto a nuestra pregunta de cómo contribuir a la paternidad desde el acompañamiento de doula, concluían que se podría empezar por incluirla en las formaciones de doulas, en nuestros espacios, e incluir a las doulas en las formaciones de paternidad. Ayudar a que el hombre deje de estar en duda a través de la visibilidad. Aportar en esa demanda de concienciación social global, minimizando, y si hay suerte, eliminando los obstáculos, y favoreciendo la apertura hacia quién es y qué necesita el padre, hacia su entendimiento, hacia la posibilidad de hacer tribu de paternidad, igual que se hace de maternidad. Un lugar en el que los hombres puedan hablar sin tapujos y sin miedo a juicio o estigma, de los partos de sus parejas. Proactividad en el proceso, para que ser fuerte deje de significar anestesiarse, disociarse, no sentir… Que sus testimonios visibilicen sus heridas y sus alegrías, todos sus aprendizajes, en cualquier caso.

Y al final, las doulas asistentes, que habíamos estado en el lugar de la escucha activa y la toma de conciencia, pudimos concluir que nos encontramos en un proceso de transición hacia el devenir de la paternidad consciente y empoderada, con el espacio propio y merecido, y que el douleo puede contenerlo, generando espacios de encuentro para padres, igual que el que las mujeres madres llevamos vivenciando toda la vida. Porque el padre necesita y demanda, su naturaleza le guía y le enfoca. Estén en el momento, espacio vital y etapa evolutiva que estén. Simplemente, ya sucede, y nutre. Un espacio de protección en el que la crisálida del “desde dentro” de la paternidad pueda emerger, libre, sin juicios ni estereotipos, hacia la conciencia social.

 

Octubre 2020

Fdo.: Raquel Villaescusa

Socia activa de AERCD y responsable de la Comunicación de la asociación.

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